Así comenzó todo: ver el grupo crecer desde dentro

Tres décadas de compromiso con el folclore: la historia de cómo una humilde iniciativa terminó definiendo nuestra identidad.

La historia de nuestro grupo es también la historia de quienes lo hicieron posible desde sus primeros pasos. Para Nides, Mariola, Amparo, Berta y Sonia, fundadoras y socias desde los inicios, formar parte de “Las Danzas” (como decimos cariñosamente) ha significado acompañarlo en cada etapa de su evolución, viendo cómo se consolidaba como referente cultural y familiar en Villalbilla.

“El grupo surgió como una actividad del colegio y nadie pensaba que llegaríamos a 30 años”, recuerda Sonia. “Con los niños se empezó a ir a festivales infantiles por los pueblos… y como estábamos ahí parados sin hacer nada, se nos ocurrió crear un coro y cantar algo a los niños”, recuerda Mariola, evocando los primeros pasos de un proyecto que entonces parecía sencillo, pero que hoy sigue marcando sus vidas.

Sin embargo, los primeros años no estuvieron exentos de retos. Hubo momentos en que el grupo casi desaparece y fue necesario unir fuerzas con Villagonzalo Pedernales para mantenerlo vivo. Sonia recuerda: “Por lo menos estuvimos dos años en conjunto… si no hemos desaparecido es porque Alberto dijo: venís con los Villagonzalo y así vamos ensayando”. Amparo también recuerda esos años: “Fue cuando me saqué el carnet de conducir y las llevaba yo en el R8”.

Amparo Martínez
Mariola Gallo

Desde los primeros ensayos para “aprender la jota y bailarla en la verbena o en la procesión” —como recuerda Sonia— hasta las coreografías más elaboradas para los Concursos de Diputación, la motivación siempre fue la misma: aprender y transmitir las danzas tradicionales.

En estos años, el grupo ha experimentado una evolución constante y Mariola recuerda cómo cada profesor del coro ha aportado algo distinto: “Empezamos con Alberto Escaño y con Edurne… después vino David de Estampas Burgalesas… y más adelante Jesu y Begoña dieron al grupo una vuelta de tuerca y vino Crespo”. También destaca la influencia de Ana Ruiz, que marcó un antes y un después: “Ella nos enseñó a ver el folclore”.

Sonia reflexiona sobre la continuidad del grupo a lo largo de los años: “Es que cuando empezamos… esto se ha ido sucediendo como una cinta transportadora. No pensábamos llegar a 30 años o salir a bailar fuera o la unidad que hay en el grupo”. Para ella, los momentos difíciles se olvidan ante lo bueno: “Igual un año no es bueno, pero hay que darse una oportunidad… te quedas con lo bueno, los buenos superan a 10 malos”. La evolución, dice Sonia, ha sido un aprendizaje constante y el grupo se ha convertido en parte de su vida: “Yo no me imagino no estar… además, es ejercicio, compañerismo y también es ayudar a otros… el grupo tiene que seguir en esta línea, seguir creciendo y evolucionando”.

Después de tantos años, los viajes y actuaciones han dejado un sinfín de recuerdos imborrables que han reforzado el sentimiento de pertenencia. Nides rememora con cariño la actuación en Espinosa de los Monteros, donde estrenaron “el Limón”: “Estuvo bailando Raúl y fue una actuación preciosa, que me la quedo para el recuerdo”. A Mariola le viene a la mente la primera experiencia internacional: “El festival en Francia… fue tremendo ir al extranjero por primera vez”. Amparo destaca las actuaciones en los pueblos de la provincia: “Eso sí que se me queda.… hablar con la gente mayor y ver cómo te lo agradece y cómo se les ve disfrutar, eso es muy bonito”. Además, añade: “Llevar el nombre de Villalbilla por todos los sitios me parece algo muy importante”.

La satisfacción de ver crecer el grupo desde dentro ha sido una constante para las fundadoras. Mariola lo resalta: “Os hemos visto crecer, pero hemos visto crecer a muchos, con mucho cariño. Erais todos muy pequeños, perdíais las zapatillas y la faja por el camino…”. Amparo coincide: “Se está siguiendo la historia. Ver a todos los jóvenes que siguen, eso es muy bonito”. Y para Nides, la emoción de compartir escenario con la familia al completo es incomparable: “Ver actuar a tres generaciones juntas en el aniversario fue muy emocionante, sentir cómo mis hijos y mi nieta compartían el escenario y la pasión por las danzas”.

Sonia Mayoral
Nides Santamaría

A lo largo de los años, la motivación principal siempre ha sido mantener viva la tradición y transmitirla a nuevas generaciones. Mariola subraya la importancia del interés por seguir con el folclore: “Yo creo que las ganas de mantener el folclore es por lo que hemos seguido, por lo que empezamos y por lo que estamos”.

Nides, con orgullo, reflexiona sobre lo que ha alcanzado el grupo: “El poder estar en el grupo para mí es una satisfacción… no podía pensar que podíamos llegar a donde hemos llegado, tan formado y con tanta disciplina, me encanta”. Su mensaje al legado futuro es claro: “Que tengan paciencia, es muy bonito ver a un pueblo unido en el baile y en las danzas que nos han gustado tanto, que sigan”.

El legado de estas mujeres se refleja en cada ensayo, cada actuación y cada generación que toma el relevo. Sonia lo resume así: “Es una carrera de fondo, hay que dar tiempo y valorar cada momento”. Mariola añade: “Lo importante es mantener el folclore… y las ganas que tenemos de seguir con él”. Para Nides y Amparo, lo fundamental es “Que siga la unión, estar unidos y hacer algo por el pueblo”.

Treinta años después, el Grupo de Danzas Villalbilla de Burgos sigue siendo un espacio donde la tradición y la pasión por el folclore se transmiten de generación en generación.

Villalbilla no es solo un grupo de bailarines; es una familia, un lugar de aprendizaje y disfrute, donde la constancia, el cariño y la dedicación crean raíces que perduran. Y este es quizás nuestro mayor regalo, seguir creciendo sin perder nunca nuestra esencia.

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