El Mayo y Las Mayas: tradición viva en Pinilla de los Barruecos

La celebración de la primavera

El mes de mayo marca, desde tiempos muy antiguos, un momento clave en el calendario del mundo rural. Con la llegada de la primavera, la tierra despierta, los campos reverdecen y el pueblo celebra el triunfo de la vida tras el largo invierno. En muchas localidades de La Sierra burgalesa (y también en otros muchos lugares de España) ese despertar se materializa en un gesto ancestral de origen pagano: la pingada de El Mayo, un árbol erguido en la plaza (un pino en esta zona) como símbolo de fertilidad, renovación y fuerza colectiva.

Este 1 de mayo tuvimos la suerte de acompañar a los vecinos de Pinilla de los Barruecos en este día tan especial y significativo, participando en un ritual que sigue vivo gracias al empeño de quienes lo sienten como propio. Aquí, además, la tradición se transmite desde la infancia: los más pequeños también cuentan con su propio Mayo, asegurando que el gesto simbólico continúe de generación en generación.

“Mes de mayo, mes de mayo,

cuando las cebadas ciernen,

cuando los enamorados

cuando los grandes calores,

los linos andan en flores,

andan en busca de amores.

El prisionero (se cantaba en “Las mayas”) – Pinilla de los Barruecos

La danza como prolongación del ritual

Tras el esfuerzo compartido de pingar El Mayo, ofrecimos una breve actuación en la que interpretamos varias danzas procedentes de pueblos del entorno serrano y de la zona de pinares. En concreto, las piezas de mayos que interpretamos proceden de Hontoria del Pinar, La Gallega, Cabezón de la Sierra y Neila, territorios donde este repertorio ha tenido una notable pervivencia (las coreografías representadas presentan modificaciones respecto a las recopiladas en su momento; la base se ha mantenido*).

Todas estas danzas fueron recopiladas en su momento por el etnógrafo Alfonso Díez Ausín, aunque las letras del mayo de Neila, conocido como Al Villano, aparecen ya documentadas en el cancionero de Federico Olmeda, una de las figuras fundamentales en el estudio del folclore burgalés.

Estas piezas, tradicionalmente bailadas por las mayas en torno a El Mayo recién pingado, no se entienden como danzas aisladas ni exclusivas de un solo pueblo. Forman parte de un patrimonio inmaterial compartido, común a muchas localidades vecinas, que comparten formas de vida, paisaje y celebración.

Bailar estos mayos en Pinilla de los Barruecos no fue un añadido ajeno al rito, sino una prolongación natural del mismo: una manera de devolver la danza a su territorio y de permitir que dialogue de nuevo con el espacio, el tiempo y la comunidad.

A la “pumpa” de ese mayo

hay una verde naranja 

con un letrero que dice:

¡Vivan esas cuatro “mayas”!

A la “pumpa” de ese mayo

hay una cinta muy roja

con un letrero que dice: 

¡Vivan los mozos y mozas!

Esas cuatro que le bailan,  

bailan el mayo con gusto

y a los mozos que le han puesto,

no les ha dado disgusto.

“Bailai”, mocitas, “bailai”,

“bailai” el mayo florido,

que si Dios quiere y la Virgen 

muy pronto tendréis marido.

El Mayo — Cabezón de la Sierra

Mayas de Neila y Cabezón de la Sierra

Las mayas: la mujer serrana en el centro de la tradición

Dentro de las celebraciones de mayo, la figura de las mayas ocupa un lugar central. Desde muy antiguo, las mayas han representado la exaltación de la juventud, la belleza ritualizada y la fertilidad, no entendidas como cualidades individuales, sino como valores colectivos ligados al ciclo de la naturaleza y a la continuidad de la comunidad.

En la sierra, las danzas de mayos sitúan a la mujer en el corazón del rito. El corro, el movimiento pausado y ceremonial, el sonido constante de las panderetas y el vaivén de las cintas crean una imagen profundamente simbólica: las mozas giran en torno al Mayo como si dialogaran con él, como si celebraran ese eje vertical que conecta la tierra con el cielo y que anuncia un nuevo ciclo vital.

La mujer serrana no es aquí un personaje secundario ni decorativo. Es portadora de memoria, transmisora de gestos, cantos y formas de estar. A través de las mayas, la tradición habla en femenino: habla de espera, de cuidado, de celebración compartida y de pertenencia al territorio. Estas danzas, de raíz claramente arcaica, conservan ecos de antiguos ritos propiciatorios ligados a la fecundidad de la tierra y al equilibrio entre la comunidad humana y la naturaleza.

Indumentaria de la sierra y pinares: identidad que se viste

La indumentaria tradicional cobra un significado especial en este contexto. El mute serrano, con sus volúmenes, colores y texturas, no es solo un traje de fiesta: es un lenguaje cultural. Cada prenda, cada mantón y cada cinta de seda refuerza el carácter ritual de la danza y subraya la presencia de la mujer como eje simbólico de la celebración.

Vestirse de serrana para bailar los mayos no es disfrazarse del pasado, sino habitarlo conscientemente. La indumentaria dialoga con el movimiento, con las voces del coro y con el entorno, construyendo una imagen poderosa que conecta lo estético con lo simbólico. En mayo, la mujer serrana se convierte en reflejo de la primavera misma: color, ritmo y vida que se renueva.

Mozas de la serranía burgalesa
Moza de pinares — Piñorra

Tradición que continúa

Participar en la pingada de El Mayo de Pinilla de los Barruecos ha sido, una vez más, una experiencia profundamente enriquecedora. Mientras existan pueblos que alcen su Mayo, mujeres que bailen como mayas y comunidades que entiendan estas tradiciones como parte viva de su identidad, el rito seguirá teniendo sentido.

Porque nuestra tradición no se conserva solo recordándola, sino practicándola, vistiéndola y bailándola en el lugar y en el tiempo que le corresponden.

Tenemos un patrimonio cultural inmaterial valiosísimo y debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para preservarlo.

¡Gracias Pinilla!

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