Un recorrido por nuestra memoria
Con motivo de nuestro 30 aniversario y coincidiendo con las fiestas patronales de Villalbilla de Burgos, organizamos en el mes de agosto una exposición muy especial: un espacio abierto a nuestros vecinos y a todas las personas que quisieron acercarse para conocer, recordar y compartir nuestro folclore, nuestra forma de trabajar y la evolución del grupo a lo largo de tres décadas.
Bajo el título Folclore, identidad y tradición, la exposición propuso un viaje por la memoria colectiva, entendiendo el folclore no solo como música y danza sobre un escenario, sino como el reflejo de una forma de vida ligada al mundo rural, a los oficios, al hogar y a las personas que nos precedieron.


30 años de camino compartido
Una de las primeras partes de la exposición estuvo dedicada a la historia y evolución del grupo, desde su fundación en 1995 hasta la actualidad. A través de un amplio recorrido fotográfico se recogían momentos, actuaciones y festivales significativos, así como diplomas y obsequios recibidos a lo largo de los años.
Estas imágenes no solo mostraban escenarios y bailes, sino también el paso del tiempo, la incorporación de nuevas generaciones y el trabajo constante por mantener viva la tradición, adaptándonos sin perder la esencia.
El folclore como encuentro y como pueblo
Un espacio destacado estuvo dedicado a los festivales que organizamos en Villalbilla de Burgos: el Festival Infantil “Los Sagrados Corazones” y el Festival Nacional de Folclore de Villalbilla de Burgos. Ambos nacen con un objetivo claro: enriquecer culturalmente nuestro pueblo y hacerlo crecer, convirtiéndolo en punto de encuentro para grupos, músicos y danzantes.
Junto a ello, un mapa de la extensa provincia de Burgos señalaba los numerosos pueblos en los que hemos actuado a lo largo de estos años. Para nosotros esto tiene un valor especial: sacar el folclore del escenario y devolverlo a la plaza, como se hacía antiguamente, donde la música y la danza cobran su verdadero sentido. Ver a las personas mayores emocionarse y reconocer melodías y bailes es, sin duda, uno de nuestros mayores orgullos.

El mundo rural y la vida cotidiana
La exposición continuaba con varios espacios dedicados al mundo rural y a las labores tradicionales, mostrando aperos antiguos del campo y del trabajo con el ganado: herramientas de madera, canastos, utensilios de carpintería y aperos de uso ganadero que formaron parte de la vida diaria durante generaciones.
Otro de los stands recreaba el interior de un hogar tradicional, simulando una cocina antigua. Utensilios como morteros y almireces, cubiertos de madera, jarras de barro, vasijas y botijos ayudaban a entender la economía doméstica, la sencillez y la funcionalidad con la que se organizaba la vida cotidiana.

La mujer y el trabajo textil
Un espacio especialmente significativo estuvo dedicado a la costura y al trabajo textil, poniendo en valor la figura de la mujer hilandera. Se expusieron aperos antiguos relacionados con el tratamiento del lino y la lana —espadar, cardar e hilar—, fundamentales en la elaboración de prendas y tejidos.
En este ámbito contamos con la colaboración de la Asociación Villablanca, que expuso trabajos de encaje de bolillos realizados durante su curso, contribuyendo así a mantener y transmitir un patrimonio que sigue vivo.

Indumentaria tradicional, un reflejo del entorno
La parte final de la exposición estuvo dedicada a la indumentaria tradicional burgalesa, presentada a través de maniquíes dispuestos en parejas —hombre y mujer— y algunas figuras individuales. Esta selección permitió mostrar, de manera visual y comprensible, la diversidad comarcal de la provincia, así como la funcionalidad, el simbolismo y la riqueza de los trajes populares.
Junto a la indumentaria, una vitrina con joyería tradicional ponía en valor el papel del adorno personal dentro del traje, destacando especialmente el coral, uno de los elementos más representativos y cargados de significado en la indumentaria tradicional femenina.
La moza del Alfoz de Burgos vestía un traje inspirado en un original documentado en Los Ausines, con el característico moño de picaporte, tan extendido por buena parte de la Península, adornado con una cinta de colonia, detalle sencillo pero lleno de significado estético y cultural.
En la pareja de la Ribera del Duero, la mujer lucía la característica mantilla de casco, prenda de marcado carácter ritual, mientras que en el hombre destacaba la capa de paño, también conocida como capa castellana. Ambas prendas se reservaban para los días más señalados y estaban profundamente ligadas al ceremonial, al estatus y al simbolismo social.
Para la pareja de la Sierra burgalesa, optamos por una de las indumentarias más representativas de la provincia: la de Castrillo de la Reina (en el caso de la mujer). El conjunto destacaba por el delantal de U, la armilla y el jubón, ricamente decorados con bordados en hilos de colores, así como por los característicos pañuelos “chino” al pecho y “francés” a la cabeza. El hombre serrano lucía una blusa de algodón, junto al inconfundible gorro pellejero y la alforja al hombro, elementos indispensables para las labores cotidianas.
En el apartado de la Bureba, Poza de la Sal es sin duda un lugar que debe ser mencionado. El hombre (arriero) vestía una vistosa chaqueta de color rojo vivo, mientras que en la mujer (pozana) destacaba el mantón aceitado, colocado bajo el jubón y dejando lucir sus flecos sobre la saya, y sobre la cabeza una delicada mantilla de tul blanco, tan representativa en la villa pozana.
La indumentaria de Las Merindades de Burgos se caracterizaba por la superposición de capas, el uso de prendas de mayor abrigo y tejidos recios, adaptados a un clima más frío. El mozo vestía una “anguarina”, especie de abrigo confeccionado en estameña, y ambos calzaban albarcas con calcetines de lana; para el exterior, se mostraban también almadreñas de madera, imprescindibles para protegerse del barro y la humedad.
Un maniquí individual estaba dedicado a la llamada ropa blanca (en este caso femenina: camisa y enaguas), prendas esenciales aunque invisibles bajo el traje. Estas camisas combinaban materiales de distinta calidad, como recuerda el dicho popular serrano: «la camisa: la pechera de lino y el haldar de alrota; la mejor carne, la peor ropa», reflejo de una economía doméstica basada en el aprovechamiento y la funcionalidad.
Las camisas burgalesas alcanzaron especial reconocimiento cuando muchas mozas de la provincia fueron a Palacio como amas de cría, donde su funcionalidad llamó tanto la atención que comenzaron a encargarse expresamente las conocidas “camisas a la burgalesa”.
Completando este apartado, se expuso la reproducción de un cuévano o cuevana, un canasto utilizado por las mujeres pasiegas para transportar a los niños a la espalda. Además de su función cotidiana, este objeto fue empleado durante el estraperlo, ocultando bajo el niño productos de contrabando, un ejemplo elocuente del ingenio y la dureza de determinados contextos históricos.
Junto a él, se mostraba una indumentaria tradicional del infante, caracterizada por el uso de fajas y mantillas de paño ricamente decoradas, acompañadas de numerosos amuletos y dijes destinados a proteger al niño frente a enfermedades y supersticiones (en este caso no se expusieron). Este conjunto recordaba la importancia de la protección simbólica y del cuidado en los primeros años de vida.
Este recorrido por la indumentaria y los complementos permitió cerrar la exposición mostrando que el traje tradicional es mucho más que vestimenta: es vida cotidiana, rito, creencias y supervivencia, una expresión profunda de la identidad de nuestros pueblos.
Un trabajo compartido
Para nosotros, esta exposición ha sido mucho más que una celebración de aniversario. Ha sido una oportunidad para mostrar nuestro trabajo desde dentro, para enseñar no solo lo que se ve sobre el escenario, sino todo lo que hay detrás: la investigación, el cuidado por la indumentaria, el respeto por los objetos, la memoria y las personas que nos precedieron.
Nos ha emocionado poder compartir este recorrido con nuestros vecinos, ver cómo muchos reconocían objetos, músicas, prendas o recuerdos propios, y comprobar que el folclore sigue siendo un lenguaje común, capaz de unir generaciones. Sentir ese interés, esas conversaciones pausadas y esas miradas cómplices ha sido, sin duda, una de las mayores satisfacciones de todo el proyecto.
Creemos firmemente que el folclore cobra su verdadero sentido cuando se vive, se explica y se comparte, y esta exposición nos ha reafirmado en la importancia de seguir trabajando para conservarlo y transmitirlo, siempre desde el respeto, el conocimiento y el cariño por nuestra tierra.

Agradecimientos
Esta exposición no habría sido posible sin la implicación, la ayuda y la generosidad de muchas personas e instituciones, a quienes queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento.
En primer lugar, al Ayuntamiento de Villalbilla de Burgos, por cedernos las instalaciones y facilitarnos el espacio necesario para dar forma a este proyecto, y a la Diputación Provincial de Burgos, por su colaboración y apoyo. A la Fundación Círculo Burgos, por el préstamo de los maniquíes que permitieron vestir y mostrar la indumentaria tradicional con el respeto y la dignidad que merece.
Nuestro agradecimiento también a Vicente Ausín Martínez, por confiarnos prendas y aperos relacionados con la lana y el lino, y a la Asociación Villablanca, por compartir su trabajo de encaje de bolillos y contribuir así a la conservación y transmisión de un patrimonio que sigue vivo.
Gracias a todos los miembros del grupo que aportaron objetos, materiales y tiempo con absoluta generosidad, y a todas las personas que colaboraron en el montaje, desmontaje y recogida, haciendo más ligero el trabajo y demostrando que el esfuerzo compartido siempre pesa menos.
Y, de manera muy especial, nuestro reconocimiento va dirigido a nuestros abuelos y abuelas, verdaderos guardianes de la memoria. A ellos debemos los utensilios, los aperos, las prendas y, sobre todo, las historias que formaron parte de su vida cotidiana y de la de quienes les precedieron. Su recuerdo, su saber y su ejemplo son la raíz de todo lo que hoy celebramos.
Gracias, por último, a todas las personas que os acercasteis a visitar la exposición. Vuestro interés y vuestra emoción dan sentido a este trabajo y nos animan a seguir cuidando, defendiendo y compartiendo nuestro folclore.


















